sábado, 26 de diciembre de 2009

Mi mujer




Mi mujer es, por momentos, como la “Bebedora de Ajenjo”. Sus pensamientos la pueden abstraer y llevarla hasta los rincones más oscuros de su introspección, y como si se tratase del estado de embriaguez de la dama pintada por Degas, se adormece, se aisla y se margina del resto del universo que inicialmente concibió cada una de las ideas que ahora habitan en su cabeza. El mundo se detiene y muere, para ella solo existe lo que en ese momento teje su mente.



Y si esto te parece poco atractivo o tal vez irritante, te diré entonces que mi mujer, por momentos, es como “Olympia”, y se muestra galante porque sabe que posee las cartas que necesita jugar para ganar las batallas. Pierde su inocencia y se muestra atrevida, provocadora y estimulante para la multitud, y a la vez íntima sólo para mí, como una Venus del siglo XXI .





Mi mujer besa como lo imaginó Klimt, y en medio de su total entrega usa sus dulces y suaves labios, para tocar como algodón de azúcar o regalar algún beso cianótico, de esos que quedarían imborrables de la memoria de sus víctimas. Mientras, abraza como una vez lo hicieron con Schiele, con arrebatada pasión, constrictora como el efusivo encuentro de amor mitólogico entre dioses y mortales.





Por sus besos cianóticos, te darás cuenta también que ella es fuerte como “El Grito” de Munch. Tan fuerte, que en el momento de más profunda angustia o desesperación, consigue al gritar llevarse los tormentos decidiendo el camino que tomará para llegar al final, y ganarse el mundo en el intento.



Y si además de lo que te he descrito puedo agregar algo más sobre mi mujer, diría que todo lo que puede ser, lo es apasionada al máximo. Descubrirla cada día es como se siente en los ojos y el alma el “Sol Naciente” de Monet: como neblina misteriosa acompañada de un golpe de brisa refrescante en la cara, mientras que el astro rey anuncia que nos espera para calentar el resto de la travesía.









Obras en su orden de aparición:
  1. La bebedora de Ajenjo-Edgar Degas
  2. Olympia-Edouard Manet
  3. El beso-Gustav Klimt
  4. El abrazo-Egon Schiele
  5. El grito-Edvard Munch
  6. Sol Naciente-Claude Monet

3 comentarios:

Mara dijo...

Me encanta... Asi es, cubierta de mil capas, o mejor dicho, asi debemos ser todas :)

H dijo...

Bueno, no se que decir. Comentaré que prefiero no comentar. Hay mucho de dentro dejado hacia afuera. Solo soy un espectador del alma que se desdobla.

Carluis Perez Abreu dijo...

Me encantó Elia, parece un guión. Hay un gran despliegue visual en la recopilación de las obras, que es albergado por una divertidamente refrescante consecución de ideas-pensamientos-descripción. Y es que te refugias en el arte y al final el arte te enseña el camino. Cuantas mujeres eres y eres una sola a la vez.
Carluis