sábado, 13 de marzo de 2010

Recuento de los días


Una vez más, otro invierno enfría su espina dorsal, que alguna vez fue varonil y fuerte,  y sin embargo hoy se encorva refugiándose en sus propias arrugas. Triste, siente la ausencia de su pelaje, la savia no corre por sus venas como antes, y el tiempo le sabe a lentitud y a letargo, a muerte en espera y en la punta de su lengua.

Tiritando en la nostalgia hace el recuento de sus días: alguna vez, como cualquier ser, fue pequeño y pudo ver su cabeza cerca de sus pies, y al crecer produjo orgulloso la sombra que  sólo con esos poderosos brazos podría alguna vez proporcionar,  y diseñó un hogar, que dio frutos.

La primavera se acerca, y sabiendo que tal vez este sea el último ciclo que viva, deja caer con gracia su última hoja, y aunque viejo, hace el máximo esfuerzo por mantenerse erguido, con garbo, porque si la muerte le llega ahora, en su semblante quedará la estampa de los años mozos donde yo, y otros más jugábamos en ese hogar que con su ingenio supo diseñar y donde nacieron mis más ilimitadas historias y fantasías.

3 comentarios:

CAZA LAGARTO dijo...

Pura poesia, a mi percepcion, y quizas sin darte cuenta, re-creaste a tu arbol.

Héctor Emilio (Motika) dijo...

Muy bueno el escrito. La foto me encanta, hice una muy parecida. Es de un arbol en un parque de Moca y al igual que a ti me inspiró a escribir.

Elia Mariel dijo...

motika esa foto parecida de la que habals la he visto, precisamente te comente en el grupo Manso donde estaba ese árbol, pensando que tal vez era el mismo que yo habia fotografiado, que es un samán de la casa de mi abuela en Tamboril. Es el árbol más viejo de Santiago, es una hermosura, por lo menos para mí, donde se refugian muchos de mis mejores recuerdos de infancia.